El número 7 y el ser humano

En arreglo a creencias muy antiguas, el ser humano tiene 7 sentidos y hasta 5 puntos cardinales, lo cual genera un enigma que los seres humanos de hoy en día, demasiado urbanos y materialistas, no estamos en capacidad de resolver.No es casual que sean 7 sentidos, donde el número 7 juega un recóndito rol místico que resulta inexplicable para nosotros. No entendemos su pronunciada fruición. Buda experimentaría el sentido 7, razón por la cual fue llamado el Iluminado. Ciertos monjes tibetanos, que logran secar con su poderoso calor interno una túnica mojada en agua congelante, se adentran en sus meditaciones de días, mediante el conjuro del séptimo sentido.

Ocurre que, además de los 5 sentidos clásicos y el sentido común, que alude a la intuición, existiría un séptimo y muy poderoso sentido tridimensional que potencia el espíritu y conecta el pensamiento con inteligencias superiores y con la Transcendencia, con T mayúscula. Una especie de campo integrado total.

Una vez re-descubierto el séptimo sentido, en ese preciso momento tenemos acceso a los 5 puntos cardinales, que serían: norte, sur, este, oeste y centro, que yace en nosotros mismos, y que de pronto se abre como un portón enorme que arroja desde dentro abundante luz de sabiduría. Estar en armonía con el todo, entender el real sentido del universo, ese éxtasis deviene sobre nosotros como un torrente al emplear plenamente nuestro séptimo sentido.

Quien ha experimentado este paradigma, dicen algunos iniciados, pueden dibujar la música con lápices de colores, captar el sabor con el tacto, oler los sentimientos y las palabras y, en definitiva, pueden comprenderlo todo, como una destellante visión que aclara los problemas y tranquiliza profundamente. En su alma hay más luz que la que irradia el Sol al mediodía.

En una vivencia extasiante y pletórica que conduce a la verdadera Sinestesia, que es experimentar sensaciones de naturaleza exquisita, mucho más vastas que las sensaciones de placer del gozo sexual y más sublimes y fuertes que cualquier experiencia de dicha familia que podemos sentir y captar todos los días.

Toda esta maravillosa experiencia mística interna, el placer supremo del séptimo sentido, a los seres humanos de hoy se nos presenta como un remoto sueño que no tiene ni valor ni sentido. Por eso sentimos que no nos hace falta y, por ende, jamás lo buscamos. Digamos que somos eunucos sensoriales, por decirlo de manera muy cruda. Sencillamente, el séptimo sentido se perdió camino a la civilización.

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