Origen de la guerra de Israel y Palestina desde los tiempos biblicos

No todos los que descienden de Israel son israelitas, ni por ser descendientes de Abraham, son todos hijos; sino: En Isaac te será llamada descendencia. Esto es: no los que son hijos según la carne son los hijos de Dios, sino que los que son hijos según la promesa son contados como descendientes. (Romanos 9:6b-8)

Mientras que muchos discuten el significado de Romanos 9, estos versículos indudablemente enseñan una verdad que todos podemos consentir. Esta verdad concisamente expresada es ésta: los que son de Dios tienen su nacimiento espiritual debido a lo supernatural mientras los que no han experimentado este milagro son nada más que “los hijos de la carne.” Sobre esto la mayoría de los cristianos estarán de acuerdo.
Es cierto que muchos han opuesto la necesidad de lo milagroso para hallar la justificación, la adopción y la regeneración. Entre éstos se halla Carlos Finney cuyos métodos del evangelismo son loados y practicados por muchos hoy en día. Sin embargo, hay mucha ignorancia acerca de su filosofía. Carlos Finney dijo lo siguiente acerca de la naturaleza del avivamiento:

“Un avivamiento no es un milagro, ni depende de un milagro de ninguna manera. Es totalmente un resultado filosófico del uso correcto de los medios establecidos—tanto como cualquier otro efecto es producido por medios.”

No obstante, Finney se equivocó profundamente sobre la naturaleza milagrosa de la regeneración. Entendemos que mientras que es cierto que Dios utiliza medios para realizar Su voluntad, los medios correctos no son suficientes. Hay algo más que se necesita: un milagro divino. Entendemos que los que verdaderamente nacen de nuevo son el fruto del movimiento del Espíritu de Dios. No son el producto de la persuasión humana sino del movimiento invisible del Espíritu Santo. El Espíritu de Dios no está sujeto a los medios ni los esfuerzos humanos. El obedece la voz de Dios y Su operación en la vida de los pecadores sigue la voluntad divina. Cristo describió el misterio de esta influencia divina como el entender el origen del viento.
Sin embargo, temo que la iglesia, en su fervor por ver actuar la mano de Dios y de cumplir su misión, esté dando a luz a muchos “hijos de la carne” que no tienen herencia con los hijos de la promesa. ¿Cómo y por qué está produciendo la iglesia esta generación perversa? ¿Qué debe hacer para dar a luz a los hijos de la promesa? Antes de contestar estas preguntas, es importante ver el fondo de estos versículos citados al principio de este ensayo.
Abraham fue escogido por Dios mientras él adoraba a sus ídolos (Josué 24:2-3), y Dios hizo un pacto con Abraham consistente en varias promesas: entre ellas, la promesa de un hijo. Lo interesante fue que Sarai, la esposa de Abraham, fue estéril y no pudo tener hijos. Ella correctamente atribuyó su condición a la mano soberana de Dios (Génesis 16:2), pero lo que ella y Abraham no entendieron fue que la ineficacia del vientre de Sarai para concebir no iba a frustrar la promesa de Dios.
Digo que no entendieron porque en Génesis 16 Abraham y Sarai convinieron en prestarle ayuda a Dios. ¡Que arrogantes fueron al pensar que Dios necesitaba de su ayuda! Salmo 127:3 dice, “He aquí herencia de Jehová son los hijos, cosa de estima el fruto del vientre.” Sabemos bien lo que sucedió. Abraham tomó a Agar para su esposa y se acostó con ella y ella concibió. Me imagino que los humanistas del día exclamaron, “¡He aquí lo que Dios y el hombre pueden producir cuando se unen las fuerzas!” Dios, en cambio, no estuvo nada feliz con el ingenio de Sara y Abraham.
Los años pasaron y Dios volvió a visitar a Abram (Génesis 17). Dios anunció por lo menos tres cosas en este capítulo: primero el cambio de los nombres de Abram a Abraham y de Sarai a Sara; segundo, la señal externa del pacto: la circuncisión; y tercero, la pronta concepción de Sara.
Al escuchar de la concepción prometida de Sara, la Biblia nos cuenta que Abraham se rió. “¿Qué está pensando Dios?” se preguntaba dentro de sí Abraham. Y después exclamó, “Ojalá Ismael viva delante de ti.” Dios, sin embargo, no aceptó la proposición de Abraham y repitió Su promesa de un hijo que sería llamado “Isaac.”
La verdad es que Ismael no fue el hijo de la promesa. Dios no fue glorificado en la concepción de este “hijo de la carne.” La concepción de Ismael se debió a medios naturales, humanamente concebidos, y efectuados por la fuerza física, pero aun más, fueron medios pecaminosos porque fueron medios escasos de la fe. Las consecuencias de esta “ayuda” de Sara y Abraham fueron dolor, tristeza, y división familiar para todos los involucrados: Agar, Abraham, Sara, Ismael, e Isaac.
La iglesia de hoy y desde hace mucho se ha acostado espiritualmente con Agar, la esclava de Egipto, para producir simiente a Dios. Es cierto que esta prostitución está produciendo a muchos “hijos.” Sin embargo, hay algo verdaderamente triste de este yugo desigual: el linaje producido en gran parte no son hijos de la promesa, sino hijos de esclavitud. Esta unión carnal puede ser definido como el uso de los medios “naturales” para realizar fruto “milagroso.”
Yo, personalmente, tengo que luchar contra esto en casi cada área de mi vida. Es fácil preparar un sermón sin orar. Es relativamente fácil predicar y tener “éxito”, no porque el Espíritu Santo está tocando vidas, sino porque el predicador ha tocado las emociones de los oyentes por medio de relatos, chistes, gritos y lágrimas. Lo más difícil para el cristiano es ser un instrumento en las manos de Dios, esperar en El para que El cambie las vidas de los oyentes a Su tiempo. La obra del Señor hecha en las fuerzas humanas es peligrosa en las vidas de los creyentes, pero no hay nada más peligroso que la utilización de lo natural para sembrar el evangelio de Jesucristo y lograr “almas para el Señor”: algo que unos han llamado la “regeneración decisional.”
La regeneración decisional es el esfuerzo de muchos cristianos, unos sinceros y otros no, para sembrar el evangelio de Jesucristo y “cimentar” el éxito de la entrevista con “una decisión para Cristo.” Ya hemos empezado a contestar la pregunta: ¿Cómo está produciendo la iglesia a una generación perversa de hijos de la carne? La iglesia moderna ha tomado la pregunta ridícula de Nicodemo, “¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?”, y ¡está intentando realizarlo!
Difícil que sea que entre un adulto en el vientre de su madre, el nacer de nuevo es aún más difícil para el hombre. Es, para expresarlo más sucintamente, imposible (Mateo 19:25-26). La regeneración es totalmente una obra de Dios. Es un milagro hecho por Su Espíritu. Ni tampoco podemos afirmar que es una cooperación entre el hombre y Dios. Es exclusivamente de El. “El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu.”
Es una lastima que muchos sembrando un evangelio diluido, a veces sin incluir el mandamiento de “arrepentirse del pecado”, hacen que la salvación del pecador dependa de algo aparte de la fe en la persona y la obra de Jesucristo. Yo no sé cuantas veces que he preguntado a alguien, “¿cómo sabes que eres un cristiano?” y la persona me ha respondido, “porque hace mucho tiempo yo oré.”
¿Estoy diciendo que tal persona no es salva? No, no lo estoy diciendo, pero afirmo que “la carne para nada aprovecha.” Si alguien está salvo, es por medio de la fe en la obra y persona de Jesucristo. Tampoco digo que el orar es malo. Pero la oración sin la obra del Espíritu en la vida de uno no hace nada. Cristo dijo que “el Espíritu es el que da vida.”
Nacer de nuevo es la obra eficaz del Espíritu de Dios en los hijos de la promesa. Hay tantísimos dentro y fuera de la iglesia que profesan ser cristianos pero carecen de la vitalidad de Cristo en ellos. Ellos están dispuestos a portar el nombre de Cristo mientras que no les cueste nada, pero cuando viene la aflicción, se apartan del buen camino. Cristo habló de estas personas con mucha frecuencia y nunca las consideró como los Suyos.
Una característica de éstos es que se burlan de los hijos de la promesa. Ellos, como Ismael, no aprecian el valor del cumplimiento de Dios. No entienden el concepto del discipulado, de la obediencia, del amor para el reino de Dios. Muchos están en la iglesia disfrutando de su música, sus programas, y sus mensajes, pero no están dispuestos a comprometerse a las demandas del evangelio. La demanda es “morir a si mismo, tomar su cruz cada día, y seguirle a Cristo.” La verdad es que muchos han sido convencidos que sean los hijos de Dios, pero serán, igual a Ismael, echados fuera en el día del juicio.
Sería una cosa si el origen de sus pensamientos fuera basado sobre sus malas interpretaciones de las Escrituras. Lastimosamente, no es así. Ellos son responsables por su condición, pero muchos de los que tienen la culpa son pastores, maestros de escuela dominical, y muchos laicos que quieren ver vidas cambiadas diciendo que la salvación es muy fácil y que depende de una decisión que uno toma.
Mientras que afirman que la salvación es fácil, muchos de ellos enseñan que la santificación es una cosa muchísima más difícil. Lo triste es que estas personas están negando lo que Cristo dijo una y otra vez: la salvación es imposible para el hombre natural.
Los herejes del pasado afirmaban que las obras y la fe salvan. Ellos negaron la enseñanza de Romanos 4, que Abraham fue justificado por la fe. Lastimosamente hay una nueva clase de herejes. Los herejes de nuestro día dicen que es posible “estar en Cristo” sin “ser una nueva criatura.” Estos niegan la enseñanza de Santiago 2:17-26. Santiago se preocupó por una profesión cristiana que estuvo sin demostración de las obras—el fruto que glorifica a Dios y que es parte de cada pámpano que permanece en la vid. Los herejes modernos distorsionan la santificación al decir que es opcional. Estos falsos profetas dicen que uno puede tener la seguridad de una mansión en el cielo al “aceptar a Cristo” sin mostrar fruto aquí en la tierra.
Nuestra siguiente pregunta es ¿por qué produce la iglesia hijos de la carne? Para contestar esta pregunta, debemos recordar nuevamente el relato de Abram, Sarai, y Agar. Dios había dado una promesa, pero esperar sobre Dios les fue difícil. En vez de esperar un milagro de El, ellos decidieron ayudarle a Dios. Para seres humanos, el esperar en el tiempo de Dios es sumamente difícil.
Dios también ha entregado una tarea a nosotros juntamente con una promesa: ir y predicar el evangelio haciendo discípulos. Esa es nuestra tarea, pero la promesa es igual de importante: “Estoy con vosotros.” En otras palabras la capacidad para ver éxito en este empeño depende del poder de Dios, no el nuestro. Cristo afirmó en la parábola de la vid y los pámpanos que Dios es glorificado cuando damos fruto. Lo interesante de esta enseñanza de Cristo son Sus palabras: “Separados de mí nada podéis hacer.” ¿Cómo podemos permanecer en Cristo? Cristo da la respuesta al enseñar de la necesidad de orar para la producción de fruto glorificante a Dios.
La oración no se contesta siempre de un día a otro. Engañados por nuestras habilidades, muchas veces actuamos sin una dependencia sobre Dios y deseando producir fruto inmediatamente, usamos muchos medios no bíblicos. Queremos asegurarnos de que nuestro trabajo no sea en vano. Queremos ver los resultados hoy y queremos sentirnos realizados en nuestros papeles como testigos del evangelio de Jesucristo.
Pero este anhelo es parte de nuestra naturaleza pecaminosa. Queremos decir lo que hemos hecho. Por supuesto, se declara que nuestra labor es “para la gloria de Dios.” Pero, la verdad es que nos sentimos bien porque Dios nos está usando. Y cuando no vemos resultados, es natural preguntarnos si hemos hecho algo mal.
No obstante, no tenemos que estudiar mucho las Escrituras para ver que la mayoría de los profetas de Dios, hombres que compartieron con sus oyentes las palabras inspiradas de Jehová no pudieron basar su utilidad en las manos de Dios sobre los resultados. Hombres como Ezequiel, Jeremías, y Elías se sintieron, a veces, desanimados en sus ministerios. Y sobre todo, tenemos el ejemplo de Jonás, un profeta rebelde, amargado, y terco, cuya predicación resultó en el arrepentimiento de 120.000 personas. ¿Fue más espiritual Jonás que Jeremías? Tal pregunta ni vale contestar, pero hay otra pregunta que vale la pena tocar en este momento: ¿tuvo Jonás más habilidad persuasiva que Jeremías? Hay muchos que atribuyen el éxito de la predicación de Jonás a las habilidades de él. Sin embargo, el testimonio del mismo profeta nos da la respuesta: “La salvación es de Jehová.”
Hay una segunda respuesta a la pregunta ¿por qué produce la iglesia tantos hijos de la carne? Esa respuesta es menos ofensiva que la primera pero igual de pecaminosa y peligrosa. La respuesta es la ignorancia de doctrina. Hay muchos cristianos que quieren ver salvas las almas de los corazones inconversos. Estos evangelistas aman al Señor Jesucristo y se dan cuenta de que la misión de la iglesia es el evangelismo. Pero esto es el problema. La misión de la iglesia no es el evangelismo sino la adoración. Como un escritor cristiano ha dicho, “Las misiones existen porque la adoración no existe.” Las misiones son para hoy pero un día cesarán. En cambio, la adoración es para siempre. ¿Es posible glorificar a Dios y no compartir el evangelio? Por supuesto que no. ¿Es posible compartir el evangelio y no glorificarle a Dios? Por supuesto que sí. ¿Cómo es posible testificar de Cristo sin glorificarle? Es posible cuando no predicamos todo el evangelio y cuando los motivos no son para la gloria de Dios. La Biblia nos declara que todo el plan de la salvación es “para la alabanza de la gloria de Su gracia” (Efesios 1:6, 12, 14).
Entonces, ¿qué es esta ignorancia? Esta ignorancia entiende principalmente que el uso de ciertos medios serán bendecidos por Dios para producir ciertos resultados. Por mucho tiempo, yo usé un método de encuestas para evangelizar. Fue fácil para tener resultados, pero después de ver cientos de decisiones sin fruto, empecé a analizar lo que hacía. Aparte del hecho que les decía a todos que yo estaba realizando una encuesta religiosa—un engaño porque nunca reportaba las respuestas de las personas a mis preguntas, solamente la cantidad de almas “salvas” ese día—este método tan popular y otros como ello facilitan varios problemas doctrinales.
En primer lugar, me di cuenta de que yo no usaba la ley legítimamente. Más bien, no usaba nada de la Ley. Sin embargo, Pablo dijo que la Ley existe según I de Timoteo 1:5-11 para convencer a los pecadores de su mal camino. Sin el conocimiento de la gran ofensa del pecado a Dios, le es imposible al inconverso comprender la expiación de Cristo por el pecado en la cruz y, por consiguiente, recibir el perdón y la justicia que Dios da al pecador arrepentido.
En segundo lugar, yo hacía que la regeneración dependiera de algo que el pecador hiciera. Esta equivocación fue un error doctrinal. Los reformadores afirmaron que la justificación es por la fe, pero negaron que la regeneración sea por la fe. La regeneración es el milagro del Espíritu cuando quita el corazón de piedra y lo reemplaza con un corazón de carne. Esta obra divina capacita al pecador recibir la Palabra y poner su fe en Cristo.
En tercer lugar, yo intentaba dar la seguridad de la salvación inmediatamente después de la entrevista. En mi opinión esto es uno de los hechos más dañinos al evangelismo que hay, puesto que hay muchos que han recibido “la seguridad de la salvación” sin ser salvos. No es que creo que el recién convertido no pueda tener la confianza de que sea salvo. Sí, lo creo pero afirmo que es el testimonio del Espíritu Santo mediante la Palabra de Dios que tiene esta responsabilidad, no el hombre que no ve el corazón.
Me acuerdo bien del versículo que yo y muchos otros citábamos para asegurarle al nuevo “convertido” de que Dios le había cambiado. I de Juan 5:13 dice, “Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios.” Este versículo se saca fuera de su contexto cada vez que se usa sin leer los cuatro capítulos y medio que lo proceden. La meta de Juan es demostrar quienes son los que tienen “comunión con nosotros” y quienes son los que no son auténticos. El da muchas pruebas para comprobar a los que dicen ser cristianos. Entre ellas son su actitud hacia el pecado, su actitud hacia los mandamientos de Dios, su actitud hacia su hermano, y su actitud hacia Cristo.
El evangelista Jorge Whitefield, un predicador de hace dos siglos se preocupó por la seguridad de la salvación. El dijo, “La evidencia más segura de que uno ha sido justificado es una vida santa.” Whitefield fue un hombre que se preocupó por las almas, sin embargo, se dio cuenta de que la seguridad de la salvación es el testimonio del Espíritu en nosotros.
Jamás fue mi intención hacer lo que acabo de relatar de mi propia experiencia. Yo tuve un deseo para ganar almas para Cristo y dejé padre, madre, hermanas, casa y empleo porque quería ver almas convertidas al Señor. Sin embargo, esta ignorancia no es excusa y no cambia el hecho de que muchos inconversos piensan que son salvos porque ellos pidieron que Cristo les salvara sin comprender el significado de verdades indispensables para la salvación.
Llegamos a nuestra pregunta final: ¿Cómo debemos presentar el evangelio? Sobre todo, el pecador debe entender su necesidad del Señor. Cristo no es un ingrediente extra en la vida que hace que todo sea mejor. No es la solución a las dificultades económicas. El no remedia todos los problemas de un matrimonio que está al punto de disolverse. Cristo es la Solución al pecado. Todo hombre en su condición natural tiene una escopeta apuntada al rostro de Dios. Esta escopeta se llama el pecado y es una ofensa a la santidad e integridad de Dios. Donde no hay convencimiento del pecado, no habrá la visión de la necesidad de Su gracia. Los puritanos predicaron de tal modo para convencer a los oyentes de la depravación del corazón. En otras palabras, hombres como Baxter, Owens, Edwards, Whitefield y Spurgeon predicaron la inhabilidad total del hombre para agradar a Dios. Estos no solamente predicaron más energéticamente, sino que exaltaron la eficacia de la gracia. Acerca de su inhabilidad y la eficacia de la gracia, Spurgeon dijo lo siguiente:

“Supongo que hay algunas personas cuyos pensamientos se inclinan naturalmente hacia la doctrina del libre albedrío. Yo solo puedo decir que la mía se inclina tan naturalmente hacia las doctrinas de la gracia soberana. A veces, cuando veo algunos de los carácteres peores en la calle, ¡me siento como si mi corazón se reventara en lágrimas de gratitud de que Dios nunca me dejó que actuara como ellos lo han hecho! He pensado, si Dios me hubiera dejado solo, y no me hubiera tocado por Su gracia, ¡qué gran pecador hubiera sido! Yo hubiera corrido a lo largo y lo ancho del pecado, me hubiera lanzado a lo más profundo de la maldad, ni me hubiera parado en algún vicio o necedad si Dios no me hubiera detenido…Si en este momento yo no estoy sin Cristo, es únicamente porque Cristo Jesús tendría Su voluntad conmigo, y esa voluntad era que yo estuviera con Él donde Él está, y que participara de Su gloria… Yo no tomé ninguna antorcha con la cual encender el sol, sino que el sol me alumbró a mí. Yo no comencé mi vida espiritual—no, antes daba patadas, y luchaba contra las cosas del Espíritu: cuando Él me atraía, por un tiempo yo no corría detrás de Él: había un odio natural en mi alma a todo lo bueno y santo. Los galanteos eran perdidos sobre mí – los avisos eran echados al viento – los truenos eran despreciados; y en cuanto a los susurros de Su amor, eran rechazados como siendo menos que nada y vanidad. Pero, seguro estoy, que ahora puedo decir, hablando de parte de mí mismo, “Él sólo es mi salvación”. Era Él quién volteó mi corazón, y me trajo a mis rodillas delante de Él.”

Tampoco debemos esperar decisiones la primera vez que presentamos el evangelio. No digo que conversiones inmediatas son imposibles, solamente que no son la norma. Los ejemplos bíblicos nos sirven aquí. Fue Cristo que describió la salvación como un milagro diciendo que es imposible para el hombre (Mateo 19:25). Fue nuestro Autor y Consumador de la fe que dijo, “Ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre.” Fue Pablo que tenía la costumbre de predicar fielmente el evangelio por semanas, meses, o años en un lugar “demostrando que Jesús era el Cristo.” Y ninguno de los demás apóstoles trataron de producir conversiones al pedir una decisión por parte de los oyentes. Ellos sabían que “el hombre natural no es capaz de recibir las cosas del Espíritu.” Por eso, ellos predicaban y dejaban “los resultados al Señor.” No vemos a Pedro rogando a sus oyentes que pasaran adelante para aceptar a Cristo. Más bien lo que vemos es la predicación de la iniquidad del hombre y la salvación que hay en Jesús que produjeron la pregunta: “Varones, ¿qué haremos?” Este es el ejemplo de Pablo. Cuando él predicó a Cristo delante de Agripa y cuando Agripa declaró que casi fue convencido, Pablo no intentó a persuadir a tomar una decisión para Cristo.
Sobre todo, la Biblia dice que el éxito del evangelista depende de Dios. Es Dios que tiene que abrir el corazón para que el oyente reciba el evangelio (Hechos 16:14). La doctrina de la elección es algo que indiscutiblemente produce fricciones entre los hermanos. Hay muchos que piensan que es necio hablar de ella. ¿Es Dios necio? Por supuesto que no, sin embargo, es Dios que inventó esta doctrina y la puso en la Biblia. La mayoría de las doctrinas que aceptamos han sido discutidas durante los siglos. Entre ellos hay las doctrinas de la Trinidad, la encarnación, la resurrección, la expiación, y otros. El entendimiento de esta doctrina determinará la perspectiva de uno respecto al evangelio. Sin entrar en un análisis de esta doctrina, déjame citar el entendimiento apostólico sobre la elección. (Todas las citas son del libro de Hechos.)

hasta el día en que fue recibido arriba, después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido 1:3

Y orando, dijeron: Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muestra cuál de estos dos has escogido,…Y les echaron suertes, y la suerte cayó sobre Matías; y fue contado con los once apóstoles. :24,26

Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare. 2:39

alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos. 2:47

Entonces, oídas estas cosas, callaron, y glorificaron a Dios, diciendo: ¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida! 11:18

Los gentiles, oyendo esto, se regocijaban y glorificaban la palabra del Señor, y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna. 13:48

y ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos, purificando por la fe sus corazones. 15:9

Simón ha contado cómo Dios visitó por primera vez a los gentiles, para tomar de ellos pueblo para su nombre. 15:14

Entonces una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios, estaba oyendo; y el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía. 16:14

porque yo estoy contigo, y ninguno pondrá sobre ti la mano para hacerte mal, porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad. Y se detuvo allí un año y seis meses, enseñándoles la palabra de Dios. 18:10,11

Y queriendo él pasar a Acaya, los hermanos le animaron, y escribieron a los discípulos que le recibiesen; y llegado él allá, fue de gran provecho a los que por la gracia habían creído; 18:27

Y él dijo: El Dios de nuestros padres te ha escogido para que conozcas su voluntad, y veas al Justo, y oigas la voz de su boca. 22:14

Si creemos que la elección del hombre se determina según lo que Dios ve que el pecador hará, un evangelismo que produce decisiones es útil porque el elemento que determina quienes son salvos es la voluntad del hombre. Pero, si creemos que la elección es una determinación divina sin considerar nada en el pecador, un evangelismo que llega a los hombres con palabras persuasivas de sabiduría humana, es maligno y pernicioso. Tal “evangelio” engaña al pecador que cree que él tiene la habilidad de agradar a Dios por su decisión. Lejos de desanimarnos para predicar el evangelio, la elección es un ánimo para predicar el evangelio. Cuando Pablo llegó a Corinto, el Señor le animó en medio de las persecuciones a seguir adelante porque El tuvo “mucho pueblo” en esa ciudad. Un misionero veterano lo expresó de esta manera:

“Cuando yo era joven me costó entender la idea de la elección y dije que si yo creyera en la elección nunca podría ser un misionero. Pero después de veinte y cinco años de ver la dureza del corazón humano, digo que no podría ser misionero sin creer en la doctrina de la elección.” Citado en Let the Nations Be Glad.

La elección es la garantía de Dios de que todas las ovejas llegarán al redil. Nosotros no tenemos nada que ver con la elección ni en nuestra salvación tampoco en nuestro evangelismo. Nunca debemos preguntarnos acerca de quienes son elegidos y quienes no. Nuestra parte es ser un vaso en las manos de Dios, en particular un vaso santificado. Uno de las grandes ayudas para mí se halla en Salmo 51. David se sintió miserable por el asesinato de Urías y el adulterio, que hizo que los enemigos de Dios blasfemaran el nombre de Dios. Sus palabras son muy conocidas:

Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, Y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me eches de delante de ti, Y no quites de mí tu santo Espíritu. Vuélveme el gozo de tu salvación, Y espíritu noble me sustente.

Sin embargo el siguiente versículo nos lleva a nuestro tema:

Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos, Y los pecadores se convertirán a ti.

David reconocía que, por costumbre, Dios usará vasos limpios y gozosos para realizar fruto para Su honra y gloria. Que el Señor nos revele nuestra gran pecaminosidad y nos fortalezca para confesarla y dejarla. Los avivamientos siempre iniciaron con el pueblo de Dios humillándose delante de Dios por su pecado. Oh, la gran necesidad de un avivamiento moderno.
La predicación del evangelio siempre tendrá como parte de su resultado la cizaña o “los hijos de la carne.” No es necesariamente la culpa del predicador que está predicando el evangelio. Es parte del plan de Dios para la iglesia. Pero si nuestro “evangelio” incluye la idea de que “la decisión” es el momento decisivo que le impulsa a Dios actuar, habrá una abundancia de abortos en el evangelismo. Si amamos a las almas de los hombres y, aún más importante, si amamos el renombre de Dios, abramos nuestras bocas para proclamar las buenas nuevas que Jesucristo es Señor. Esto es nuestro papel, nuestra responsabilidad, nuestro privilegio, y nuestro culto a nuestro Preciosísimo Rey a quien sea la gloria ahora y por todos los siglos.

Fuerte: Stevan Henning

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