El matrimonio es una bendición

El matrimonio es una bendición; una bendición de Dios. Es un regalo oportuno para vivir a plenitud sin contratiempos y pesadumbres. Es fiel apoyo en cualquier etapa de la vida. Es símbolo de unidad, indisolubilidad y solidaridad, sobre todo en estos tiempos. Constituye una fuente permanente de felicidad. Es el primer paso para empezar a saborear desde ya en esta vida temporal, lo que nos espera más allá de la frontera que limita nuestro encuentro definitivo con el Padre.

Así lo percibí en la celebración eucarística de los cincuenta años de vida matrimonial de Pedro Reyes y Nelly Eusebio.

Quedó una vez más comprobada mi percepción de que el matrimonio es un sagrado misterio, pues Pedro y Nelly, además de sus hermanos y familiares, se hicieron acompañar de los padres de Nelly, don Diógenes y doña Lucinda que tienen setenta y seis años de matrimonio.

Ese día, con ese testimonio, me convencí una vez más que se puede vivir en armonía por toda la vida, unido al ser que se ama. Si de algo me siento orgulloso es de estar construyendo, o más bien preparando el momento en el cual sólo quede el amor y donde desaparezca cualquier vestigio de interés que no sea el de hacer la voluntad de Dios. Si Dios lo permite, ese momento llegará, no sin antes haber transitado un camino, lleno de renuncias y entregas, que le dan sentido a la permanente unión de dos seres que se aman por encima de cualquier interés personal.

El desprendimiento, la aceptación, la comprensión, la confianza y la paciencia en cada etapa de la vida matrimonial constituyen la fórmula feliz para alcanzar esa meta. Lo espiritual debe estar por encima del tiempo y del espacio. De esta manera, si acaso no se puede llegar en el matrimonio a tener la madurez en el tiempo porque la vida biológica se ha interrumpido, hay que aprovechar el tiempo que nos ha reservado Dios para alcanzar la madurez espiritual, que ayudará a superar todas las desavenencias que siempre amenazan con destruir el matrimonio.

Pedro y Nelly, don Diógenes y doña Lucinda con ciento veintiséis años de matrimonio entre las dos parejas, es un buen testimonio de que esto se puede lograr.

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