¿Por qué ayudamos?

“Manos que dan esperan”; “Has bien y no mires a quien” .

Son expresiones que he escuchado desde mi infancia.

Traigo estas consideraciones a propósito del clientelismo exagerado que observo en la actividad política de estos días.

Una corriente de la psicología social entiende que a pesar de esto, existe un comportamiento humano que sinceramente ayuda a los demás sin pedir nada a cambio.

El altruismo también es explicado por la teoría del intercambio social, es decir, uno ayuda a los demás, pero en el fondo espera no solo agradecimiento, sino que cuando tú necesites a esa persona, te responda.

No solo intercambiamos bienes materiales y dinero, sino bienes sociales, información, servicios , incluidos los sexuales, pero siempre subyace una suerte de “dame que yo te responderé”.

La mafia y el bajo mundo tienen un cerrado código de inversión por la vía del favor, “yo te protejo, pero espero de ti ….por lo menos fidelidad”.

El empresario que invierte en un político con potencialidades, recurre a él en el futuro para que le lubrique unas gestiones aduanales.

Muchas veces la gente muy dadivosa y servicial se conforma con el reconocimiento social que deriva del agradecimiento.

Cuando donamos sangre de urgencia para salvar a alguien o nos lanzamos al mar para rescatar a un potencial ahogado, ¿qué estamos esperando?

Serias contradicciones se presentan a la hora de ayudar. Muchas religiones han llegado a plantear que debemos quitarnos el pan de la boca para socorrer al hambriento.

Los más pragmáticos plantean que los favores extremos crean un ejército de pedilones e incapaces que se nutren de la beneficencia.

“Ayúdate que yo te ayudare”; “Enséñale a pescar, pero no le regales el pescado”, plantean los que se oponen al asistencialismo que no estimula las acciones de autoayuda en la gente.

Las motivaciones para las ayudas desinteresadas son diversas: gente que pasó una infancia de privaciones y cuando se enriquecen desarrollan un espíritu de solidaridad con el desvalido.

Seres humanos que poseen fortunas mal habidas y con su “altruismo” y donaciones “limpian sus biografías”.

A pesar de todo, esta sociedad tiene verdaderos filántropos, gente integra que socorre a conciencia. Las ayudas a los demás hay que incentivarlas pero, desalentando la vagancia y el parasitismo.

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