Trujillo, Balcácer y miseria

El brillante historiador, intelectual y patriota Juan Daniel Balcácer, presidente de la Comisión Nacional de Efemérides Patrias, sugiere que se den a conocer y se eleven los ideales de los que fraguaron la acción que culminó la noche gloriosa del 30 de mayo de 1961.

El distinguido, acucioso y ecuánime hombre de letras considera que es necesario promover las figuras de los hombres y mujeres que participaron, de una forma u otra, en la obra que decapitó la tiranía del generalísimo Rafael Leonidas Trujillo Molina, que por casi 32 años gobernó la República Dominicana a sangre, fuego, torturas, asesinatos, delaciones y todo lo malo que se pueda desprender de una satrapía.

Yo creo que es correcto, sensato, justo, oportuno y aleccionador lo que propone el prolífico y acertado autor de tantas obras de necesaria lectura y posterior fuente de consulta.

Pero… lo primero que quiero decirle a mi dilecto y admirado amigo Juan Daniel es que esa responsabilidad, deber, trabajo y consecuencia recae sobre los participantes en la gesta patriótica contra la “tiranía sin ejemplo” del generalísimo Rafael Leonidas Trujillo Molina, de cuyo ajusticiamiento acabamos de recordar el 49 aniversario: 30 de mayo de 1961, 30 de mayo de 2010.

Lo segundo que quiero observarle, si él me lo permite, y me refiero al doctor Balcácer, hijo ilustre del primer y más valiente Santiago de América (la Hidalga de los 30 Caballeros) es que este servidor escribió a principios de año un artículo recordando que el 30 de mayo de 2011 estaremos en el 50 aniversario de la muerte del dictador. ¡Medio siglo!

Lo tercero es que no solo debemos hacer lo que propone con honor, justicia, sentido de equidad, rigor histórico y nobleza humana el formidable historiador, sino que, como apunté en el citado artículo que escribí, también estamos obligados a pasar revista en torno a lo que hemos hecho tras la muerte del tirano.

Porque hay que apoyar toda iniciativa que busque honrar a los que de por sí se honraron con el trabajo patriótico de complotar para eliminar al Jefe, pero de la misma manera, de la mano, al mismo tiempo, con la misma intensidad entrar en un sincero proceso crítico y autocrítico de qué hemos hecho a partir del 30 de mayo de 1961.

O sea, qué hemos hecho en estos 49 años y casi ya medio siglo, qué hemos dejado de hacer, qué podemos hacer, dónde están las fallas, dónde están los déficits y promesas incumplidas tras el 30-5-61.

Porque, mi querido Juan Daniel, cómo se justifica o siquiera se explica, que en este 49 aniversario el 40 por ciento de la población vive en la miseria.

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