Los homosexuales no existen

24 mayo 2009

Cabe preguntarse, como haría un niño que está aprendiendo a hablar y por lo tanto a razonar, si los homosexuales, igual que las hadas, las brujas o los extraterrestres existen o no existen. Preguntémonoslo: ¿existen los homosexuales?

Parece que Gore Vidal le robó la idea a Tennesse Williams: homosexual es adjetivo y no sustantivo. Es decir: no existe como sustancia, sino como cualidad, accidente o circunstancia colateral. Hay amores homosexuales, incluso relaciones homosexuales, incluso personas, si se empeñan en serlo y se identifican con la etiqueta correspondiente, homosexuales, pero no hay “homosexuales” a secas. Lo mismo sucede con los heterosexuales, que tampoco existen. Hay amores heterosexuales, incluso personas heterosexuales, que hacen profesión de su heterosexualidad, por ejemplo esos hombres que no hacen más que repetir: “A mí me gustan mucho las mujeres”, como si quisieran convencer a los demás y en primera instancia a sí mismos de ello. Y ya se sabe lo que dice el latinajo: excusatio non petita, accusatio manifesta: dime de qué presumes y te diré de qué careces.

Un adjetivo no puede convertirse en un sustantivo impunemente, porque eso supone concederle en este caso a la conducta sexual una condición identitaria casi sacramental, dadora de identidad.

Sin embargo hay intereses creados: se quiere que los homosexuales existan: se habla incluso de arte, cultura, vida homosexual o con anglicismo aberrante gay, los propios homosexuales reclaman su gay pride, el orgullo de ser gay. Y no: no existen los homosexuales y todo eso de la cultura homosexual y demás no son más que zarandajas que se inventa la sociedad de consumo para ampliar su clientela: la luna de miel gay es un invento de las agencias de viaje para meternos un paquete turístico por salva sea la parte.

Y sin embargo, como las brujas, puede que haya homosexuales, aunque no existan. Puede que haya maricones. Algunos lo somos, algunos somos un poco maricones o unos mariconazos, para qué engañarnos.